Justicia para orelha
Llevo dias siguiendo la triste historia de Orelha, un perrito comunitario que fue torturado y asesinado por 4 adolescentes de familias adineradas en Florianápolis, Brasil.
Por supuesto que he llorado y sufrido imaginando el sufrimiento del perrito que tuvo que ser sacrificado por la gravedad de sus heridas.
Pero el caso me ha impactado mucho más desde mi rol de mamá. Me ha impresionado que unos jóvenes ya a punto de terminar la vida escolar tengan la sangre fría para buscar a un perrito amigable, engañarlo con comida y lastimarlo de manera intencional.
Ese no es un juego que se salió de control. Eso es psicopatía, es intencionalidad en el daño a otro ser sintiente, es disfrute en el sufrimiento causado.
Y por supuesto, sus familias mostraron de donde vienen esos seres a los que ni me atrevo a llamar niños, porque son menores de edad, pero dejaron de pertenecer a la magia y la belleza de la infancia, la cual seguramente les fue robada de manera temprana por familias de psicópatas y sociópatas integrados, que mostraron quiénes son al intentar silenciar los testimonios con amenazas.
Me da náusea ver lo que algunas personas con poder y dinero creen que pueden hacer cuando suponen no ser vistos, pero siento esperanza al ver que el pueblo se alza y levanta la voz por seres que no pueden defenderse. Cómo el pueblo brasilero convirtió la justicia para Orelha en una causa mundial y cada vez mas gente en el mundo se les une. Como pierden privilegios y el mundo alrededor se niega a relacionarse con personas y empresarios de esta calaña.
No, no pienso que esos niños sean las víctimas aquí. Hace ratico ya que tienen uso de razón y capacidad de dicernimiento. Ese aprendizaje de no lastimar a otros seres lo debieron haber vivido entre los 4 y los seis años, estudian en un colegio supuestamente católico que dizque enseña valores, entre los cuales asumimos está el respeto. Esto lo hicieron con plena capacidad cognitiva.
Fueron víctimas tal vez de un sistema que no pudo ver a tiempo las señales como un colegio y unos padres condescendientes que a las señales previas que con seguridad existieron reaccionaron diciendo “son cosas de niños”, minimizando, callando.
Pero hoy son plenamente responsables. A unos meses de cumplir la mayoría de edad, esta ya no es una barrera psicológica sino meramente legal.
Seguramente serán víctimas ahora de unas familias incapaces de acompañarlos en el proceso legal que se viene. Seguramente ahora sí, sus padres, ante la presión mediática y las consecuencias sobre sus libertades y negocios, los culpen y amenacen por poner en peligro los privilegios familiares. Porque el pecado visto será ese, no el acto mismo de ser capaces de atentar contra seres inocentes.
Y debo decir, que creo que jóvenes capaces de hacer esto, no solo son capaces de atentar contra un perrito, sino que en general podrían hacerlo contra cualquier ser que aparentemente no tenga voz, no pueda defenderse. Si en Florianápolis existiera mendicidad infantil, drogadicción infantil en las calles, tal vez hubieran elegido a un ser humano vulnerable.
Dice uno de los rumores asociados a este caso, que lo hacían como entretenimiento para transmitir en Discord. Quisiera ver la investigación y declaración de esta red social al respecto.
Creo también con tristeza, que un ser humano que a esa edad no conoce la empatía y es capaz de tales niveles de crueldad, es un peligro para la sociedad. Los límites tal vez puedan reaprenderse, pero la empatía, la decencia, el amor y respeto por toda forma de vida, que hacen parte fundamental de un buen ser humano, esos no se aprenden en la correccional.
